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Pleamar

Pleamar Spa

«¿Tienen a las cinco?»
Ahora se contesta sin llamar a nadie.

La agenda de un spa suele vivir en una hoja por día, con cada cita metida en una celda de texto libre — y en la que medimos, más de la mitad no decía cuánto dura. Sin duración no se sabe cuándo se libera una cabina. Pleamar la lleva por terapeuta y por cabina, en intervalos de 15 minutos, del primer masaje al corte de la quincena.

Agendar una demostración

El punto de partida

Una política de 24 horas que nunca se pudo cobrar

El menú lo dice claro: cancelar con menos de 24 horas cuesta el servicio completo. Pero en un año entero de agenda había cero cancelaciones y tres no-shows anotados. No es que no falte nadie: es que la hoja no tiene dónde anotarlo, y sin evidencia la política no existe.

Y quien agenda el spa casi siempre es el mismo concierge que ya reserva las cenas. Con Pleamar no se estrena departamento ni usuarios: el spa llega al escritorio donde esa gente ya trabaja.

Cómo está hecho

Tres decisiones que salieron de medir la hoja

El recurso escaso es la cabina

Un hueco existe solo si hay terapeuta libre y cabina libre a la vez. Una cabina ocupada no se ofrece aunque haya terapeuta, ni al revés. Y el tiempo de preparación entre dos servicios lo fija el hotel, para no ofrecer huecos que físicamente no existen.

Una pareja es una sola cita

Dos terapeutas en una cabina, a la misma hora: una cita, no dos que alguien tiene que acordarse de mover juntas. Un ritual de pareja no se agenda para una persona, y una pareja no cabe en una cabina individual.

La cancelación se mide contra el aviso

Las 24 horas cuentan desde que avisó el huésped, no desde que alguien lo capturó al día siguiente. Lo pagado se devuelve si avisó a tiempo, y el no-show solo se puede marcar cuando ya pasó la hora.

Qué incluye

La agenda, y el día que se rompe a propósito

La rejilla de 15 minutos

Por terapeuta —como la hoja de siempre— o por cabina, con un selector. La duración la manda el catálogo del menú, así que cada cita ocupa lo que de verdad dura.

«¿Tienen a las…?»

Se pide un servicio y una hora, y la agenda contesta con los huecos donde cabe. Y cuando no hay, la venta que no se hizo se anota con su motivo: el reporte dice cuántas se fueron y por qué.

La jornada que se rompe

La comida de cada terapeuta se recoloca sola cuando entra una cita, y se defiende: si ya no cabe, esa cita no se ofrece. Llamar a alguien en su descanso pide motivo, y cada cambio a una jornada queda escrito.

Lo que se agrega a la cita

Alargar el servicio en curso —diciendo a quién desplaza, y negándose en vez de pisarlo—, los complementos del menú y el cambio a un servicio superior pagando la diferencia. Cada uno con su propio cargo.

Huéspedes, externos y el pago

El huésped firma el cargo a su habitación con el folio del multiforma; el externo paga en efectivo, tarjeta o transferencia. Se paga al agendar o solo se aparta, y la agenda lo marca. Pleamar registra el cobro, no lo procesa.

Producto y existencias

Aromas, aceites y lo que se vende además del masaje: venta suelta o desde la cita, con su precio congelado. La venta descuenta de la vitrina, la anulación devuelve, y el conteo físico va con permiso.

Promociones como reglas

Descuento, servicios, vigencia, días, franja horaria y mínimo de personas: la agenda solo ofrece una promoción cuando aplica. Cada hotel usa las suyas, las de su grupo o las dos.

El corte del día

Lo cobrado por forma de pago, lo que falta por cobrar y las citas sin cerrar. Y cada folio revisado el mismo día: sin multiforma, fuera del talonario, repetido o usado ya por otra área. Al entregarlo guarda el efectivo contado y la diferencia.

El choque con la cena

Si el masaje pisa la cena del huésped, la agenda lo avisa — y al reservar la cena, el concierge o el portal avisan si pisa su spa. No bloquea: solo lo puede ver quien tiene las dos agendas.

Puntos, comisiones y quincena

Lo que hoy se lleva de memoria, y de ahí sale una nómina

En muchos spas el trabajo se reparte por puntos —una hora de masaje, un punto— y se cuadra al final de la quincena, porque de ahí sale la comisión de cada terapeuta. Aquí el acumulado de la quincena aparece junto a cada nombre al agendar, que es justo cuando hace falta para repartir parejo.

La comisión se configura como reglas con vigencia —cuando dos aplican, gana la más específica—, por servicio y por producto. El corte de la quincena la calcula junto con los puntos, las citas, las horas, los no-shows y las cancelaciones tardías, y al cerrarlo se congela: ya es evidencia de pago. Reabrirlo pide motivo, y la foto anterior se conserva.

Cada terapeuta tiene su cuenta y ve en Mi agenda sus próximos siete días, su turno, lo que le cambiaron, sus puntos y la comisión de la última quincena cerrada — sin folios ni datos del huésped que no necesita.

El huésped

Su masaje, apartado desde el celular

Desde el mismo portal donde reserva sus cenas, el huésped aparta su masaje dentro de su estancia. Entra como propuesta, con terapeuta y cabina ya apartadas, y el spa la confirma o la cambia; si cancela, lo hace solo y con la misma política de 24 horas. Y el portal puede ofrecerle los huecos libres de hoy que no pisan su cena.

La confirmación y el recordatorio antes de la cita le llegan por correo, a nombre del hotel. Todo esto nace apagado: el portal se enciende por servicio, y ningún correo sale hasta que el hotel lo decide.

Cómo encaja

Se contrata solo

Spa no depende de ningún otro módulo. Si el hotel ya tiene Pleamar Restaurantes, lo opera la misma gente con el mismo usuario y se ven los choques con la cena; si no, funciona igual.

Agendar un masaje es trabajo de mostrador, con internet. Durante un corte, el servidor del hotel enseña la agenda —quién viene, a qué hora y en qué cabina—, pero no agenda: se dice así, para que nadie lo descubra con el huésped delante.

Contacto

Veámoslo con su menú

La demostración se hace con sus servicios, sus terapeutas y sus cabinas. Cargarlos es lo que deja la agenda llena desde el primer día.

[email protected]