Portal del huésped
Bilingüe y sin instalar nada. Se identifica con su número de confirmación y un código que llega a su correo, ve las cenas que le corresponden, elige restaurante y horario, y escoge sus platillos desde el celular.
Pleamar Restaurantes
Un solo sistema para toda la noche de servicio. Las cortesías se calculan solas, el huésped reserva desde su celular y el piso trabaja con la misma información — sin capturar nada dos veces.
El corazón
En un todo incluido las cortesías dependen del tipo de habitación y de las noches de estancia, y esa cuenta hoy la llevan personas: el concierge en su libreta, el huésped preguntando en recepción, y nadie con la misma cifra.
Pleamar la calcula al entrar la reserva y la mantiene al día cuando el huésped cambia de habitación, adelanta su salida o extiende su estancia. Las reglas las define el hotel desde su panel — no van escritas en el código, así que cambiar un plan no nos necesita a nosotros.
Una noche de servicio
Lo difícil viene después: quién llegó, en qué mesa cabe, qué tiene la cocina encima, y qué pasa cuando aparecen cuatro sin reserva a las nueve. Un módulo de reservas resuelve el primer minuto de esta lista.
El huésped que se registró hace veinte minutos ya aparece con sus cortesías calculadas. Nadie lo capturó.
Aparta mesas sin dar a nadie por llegado. La 2157 dice «va con 2158»: las dos habitaciones aparecen juntas y, como no hay mesa de seis, se unen dos.
La 412 y la 414 viajan en grupo y quieren la misma mesa. Un solo cupón para las dos, y el cupo descontado por el total de personas.
La hostess ve en su tablet quién ya llegó, quién falta y qué mesas quedan libres para cada horario.
Walk-in: ocupa lugar del cupo, pero no consume cortesías de nadie. La cocina los ve al instante.
El encargado lo autoriza y queda registrado quién lo hizo. Se libera el cupo del restaurante de origen y se descuenta el del destino.
Catorce platillos pendientes, y a la vista los del turno de las 21:30 para ir adelantando. El mesero ve cuáles están listos sin preguntar.
En el piso no se entera nadie. El servidor del hotel sigue sentando, levantando órdenes y despachando cocina.
Todo el trabajo de la última hora sube solo, sin duplicados y sin que nadie recapture nada.
Cada rol
Bilingüe y sin instalar nada. Se identifica con su número de confirmación y un código que llega a su correo, ve las cenas que le corresponden, elige restaurante y horario, y escoge sus platillos desde el celular.
Reserva por número de habitación —individual o para un grupo de habitaciones—, con cupón imprimible y la cuenta de cortesías siempre a la vista. Puede refrescar una reserva contra el PMS, y si la cena pisa la cita de spa del huésped, se lo avisa.
Aforo por restaurante, día y horario. Se generan por rango de fechas, y el sistema descuenta cada lugar de forma atómica: dos personas reservando el mismo asiento a la vez no lo consiguen las dos.
Quién llegó y quién no. Sienta por mesa —compartida entre reservas del mismo horario, o agrupando varias mesas para un grupo grande—, registra walk-ins y autoriza cambios de restaurante y sobrecupos.
Sus mesas sentadas, cuáles no han levantado orden, y los platillos listos para servir. Puede agregar platillos a una mesa ya sentada sin volver a empezar.
La cola real de platillos por preparar, con lo que viene después. Cambia el estado de cada uno y el mesero lo ve en su pantalla sin que nadie grite por el pase.
El piso
Sustituye a la hoja con cuadritos dibujada a mano, y al sobre que se archiva al cerrar.
Las mesas donde están, con sus sillas: una mesa con cuatro sillas pintadas y seis vacías se entiende sin leer. Se dibuja una vez —con el dedo o con el ratón, partiendo de un acomodo que se sugiere a partir del nombre de las zonas— y sale impreso con quién va en cada mesa, para el atril de la entrada.
Terraza, ventana, jardín: cada zona con su nombre, su color y su aforo, que se calcula de las sillas. Mover una mesa de la terraza al centro corrige los dos números solos.
La hostess reparte la noche con horas o días de anticipación sin dar a nadie por llegado. Sentar sigue siendo del día, y con la mesa ya apartada es un solo toque. Una mesa apartada cuenta como ocupada: no se reparte dos veces.
Cuando la nota dice «va con la 2158», el sistema lo lee y junta a las dos habitaciones en un bloque que se sienta de un toque. Si no hay una mesa de seis, se unen dos. Casi dos de cada tres reservas con nota nombran otra habitación.
«Llegaron tarde», «pidieron cambiar de mesa»: la hostess los deja en la reserva, firmados con su nombre y la hora, y se suman en vez de pisar la nota del concierge.
El sobre que hoy se llena a mano: capitán, meseros, cocina, bar, huéspedes todo incluido y EP. Los conteos se calculan solos, y la hoja lleva las reservas de la noche con sus notas — lo único que contesta una queja semanas después.
Integración
Un sondeo frecuente durante las horas de llegada y dos barridas completas —madrugada y noche— que miran también hacia atrás. Sin eso, a quien llegó hace tres días no se le vuelve a mirar nunca, y su cambio de habitación se pierde.
Altas, cambios de habitación, salidas anticipadas y extensiones de estancia llegan sin que nadie los teclee. Las cortesías se recalculan con cada cambio.
El conector tiene un tope diario de llamadas al PMS. Si algo se desboca —un bucle de reintentos de madrugada— se corta solo y deja constancia, en vez de aparecer en la factura del mes siguiente.
Y además
Maridajes, celebraciones, spa. El huésped deja la solicitud y llega a quien la atiende. No cobra nada: el cargo lo hace el hotel por donde ya lo hace, y así el sistema no entra en el terreno de los pagos ni de sus reglas.
Se enciende y se apaga por hotel, y el mismo catálogo alimenta el portal, el panel y las pantallas del vestíbulo.
Contacto
La demostración se hace con sus tipos de habitación, sus cortesías y su carta.