La rejilla de 15 minutos
Por terapeuta —como la hoja de siempre— o por cabina, con un selector. La duración la
manda el catálogo del menú, así que cada cita ocupa lo que de verdad dura.
«¿Tienen a las…?»
Se pide un servicio y una hora, y la agenda contesta con los huecos donde cabe. Y cuando
no hay, la venta que no se hizo se anota con su motivo: el reporte dice
cuántas se fueron y por qué.
La jornada que se rompe
La comida de cada terapeuta se recoloca sola cuando entra una cita, y
se defiende: si ya no cabe, esa cita no se ofrece. Llamar a alguien en
su descanso pide motivo, y cada cambio a una jornada queda escrito.
Lo que se agrega a la cita
Alargar el servicio en curso —diciendo a quién desplaza, y negándose en vez de pisarlo—,
los complementos del menú y el cambio a un servicio superior pagando la diferencia. Cada
uno con su propio cargo.
Huéspedes, externos y el pago
El huésped firma el cargo a su habitación con el folio del multiforma; el externo paga
en efectivo, tarjeta o transferencia. Se paga al agendar o solo se aparta, y la agenda
lo marca. Pleamar registra el cobro, no lo procesa.
Producto y existencias
Aromas, aceites y lo que se vende además del masaje: venta suelta o desde la cita, con
su precio congelado. La venta descuenta de la vitrina, la anulación devuelve, y el
conteo físico va con permiso.
Promociones como reglas
Descuento, servicios, vigencia, días, franja horaria y mínimo de personas: la agenda solo
ofrece una promoción cuando aplica. Cada hotel usa las suyas, las de su
grupo o las dos.
El corte del día
Lo cobrado por forma de pago, lo que falta por cobrar y las citas sin cerrar. Y cada
folio revisado el mismo día: sin multiforma, fuera del talonario, repetido o usado ya por
otra área. Al entregarlo guarda el efectivo contado y la diferencia.
El choque con la cena
Si el masaje pisa la cena del huésped, la agenda lo avisa — y al reservar la cena, el
concierge o el portal avisan si pisa su spa. No bloquea: solo lo puede ver quien
tiene las dos agendas.