La puerta
Un teléfono, de noche, con fila detrás
Quien atiende la entrada escanea el cupón con la cámara del teléfono —o teclea el folio,
cuando el papel llega mojado— y el veredicto sale a pantalla completa, por color antes
que por texto, con la mesa en grande: es el dato que se dice en voz alta. Y la mesa se lee
del sistema, no del papel: si alguien cambió de lugar después de imprimir, el cupón
miente y la puerta no.
Nadie entra dos veces. Un cupón reenviado por WhatsApp da aviso, y dice
cuánto hace de la primera entrada: quien volvió del baño entró hace minutos; el reenviado,
hace horas.
Y pregunta por el dinero. Si el cupón tiene el pago pendiente, avisa con el importe y deja
cobrar ahí mismo o autorizar a sabiendas; las dos salidas quedan registradas. El mismo QR,
escaneado por el huésped con su teléfono, le enseña su cupón: qué cena y qué mesa.