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Pleamar

Pleamar Cenas de gala

La noche más cara del año
no se lleva en una hoja de cálculo.

Navidad y Fin de Año se venden durante semanas y se juegan en una sola noche. Hoy viven en un libro de Excel con macros y en un mapa impreso que alguien raya a mano conforme se venden las mesas. Pleamar las lleva de la primera reserva a la última persona que cruza la puerta.

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El punto de partida

El mapa de la pizarra es una segunda verdad

Quien reserva en la computadora tiene que acordarse de rayar también el mapa pegado en el lobby. Cuando no lo hace, la misma mesa se vende dos veces — y se descubre la noche del evento, con las dos familias delante.

Y la hoja no sabe de mesas compartidas, ni de que una familia con dos menores no paga cuatro cubiertos de adulto, ni de quién ya entró. Todo eso lo resuelve una persona, de memoria y con fila.

Cómo está hecho

Tres decisiones que salieron del archivo del hotel

El aforo se cuenta en lugares

Las mesas de gala se comparten. Una mesa de diez con cuatro ocupados todavía vende seis, y un mapa de «libre / ocupada» esconde más de la mitad de lo que queda por vender. Para quien quiera la mesa para él solo, hay marca de mesa exclusiva.

El precio va por tramo de edad

Adulto, menor e infante, cada uno con su tarifa: el infante no paga pero ocupa silla. Y el huésped cuyo plan no cubre la gala paga el complemento, no el precio entero — que es justo la cuenta que en la hoja se hace a mano.

El cobro se registra, no se procesa

Pleamar no toca tarjetas ni terminales: el hotel cobra por donde ya cobra, y el sistema anota quién marcó el pago y cuándo. Cuando dice «pagado», se sabe de quién es esa palabra.

Qué incluye

De la venta al corte de la noche

Un cupón por persona

Con su folio del talonario y un código QR firmado que se verifica sin internet. Lleva la foto de la cena y la letra del menor, como la que hoy se escribe a mano sobre el multiforma.

Por correo, en PDF

El cupón llega adjunto al correo del huésped: vive en su teléfono y se enseña en la puerta aunque el jardín no tenga señal. Si el envío falla, no se da por entregado.

El comensal externo

Quien no está hospedado —y por eso el PMS no lo conoce— se reserva igual: con su tarifa, su lugar en el aforo y sus cupones foliados.

El mapa del jardín

El plano que el hotel ya imprime va de fondo, y encima las mesas —redondas, con sus sillas— junto con la pista, los buffets, las barras y la entrada. Sentar y acomodar son modos separados: la noche del evento, un dedo que resbala no reacomoda el jardín.

El plano para el atril

Una hoja impresa con el dibujo y con quién va en cada mesa. En la entrada se busca por nombre tanto como por número, y volver a la pantalla es justo lo que ahí no se puede.

El corte de la noche

Lo reservado, lo cobrado y lo pendiente, agrupado por plan y por agencia —como lo lee el hotel— y con el reparto entre alimentos y bebidas.

La puerta

Un teléfono, de noche, con fila detrás

Quien atiende la entrada escanea el cupón con la cámara del teléfono —o teclea el folio, cuando el papel llega mojado— y el veredicto sale a pantalla completa, por color antes que por texto, con la mesa en grande: es el dato que se dice en voz alta. Y la mesa se lee del sistema, no del papel: si alguien cambió de lugar después de imprimir, el cupón miente y la puerta no.

Nadie entra dos veces. Un cupón reenviado por WhatsApp da aviso, y dice cuánto hace de la primera entrada: quien volvió del baño entró hace minutos; el reenviado, hace horas.

Y pregunta por el dinero. Si el cupón tiene el pago pendiente, avisa con el importe y deja cobrar ahí mismo o autorizar a sabiendas; las dos salidas quedan registradas. El mismo QR, escaneado por el huésped con su teléfono, le enseña su cupón: qué cena y qué mesa.

En el lobby

Reservar es actualizar el mapa

En lugar del mapa impreso que se raya a mano, una pantalla del lobby enseña el jardín en vivo: cuántos lugares quedan en cada mesa, no solo si está libre. La mesa que acaba de cambiar pulsa unos segundos — el equivalente de rayar el papel delante del huésped.

Sin un solo nombre, a propósito: está a la vista de cualquiera que pase, y enseñar quién se sienta dónde sería exhibir a unos huéspedes ante otros. Se abre en cualquier pantalla con navegador, sin contraseña, y si deja de recibir datos lo dice — un mapa congelado que parece vivo es peor que uno apagado.

Cómo encaja

Se contrata sola

Cenas de gala no necesita ningún otro módulo: ni las cenas de cortesía, ni el piso, ni el portal. Un hotel puede vender su cena de fin de año sin haber comprado nada más.

La venta trabaja por eliminación: la lista de habitaciones por reservar se vacía conforme se venden, así que a cualquier hora se sabe a quién falta ofrecerle la cena.

Contacto

Todavía a tiempo para esta temporada

La demostración se hace con su mapa del jardín y sus tarifas. Mientras antes se cargue, más semanas de venta pasan por el sistema y no por la hoja.

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